Juana, maltratada doncella

Fecha Publicación: 19/11/2016

Juana de Arco, la Doncella de Orleans, no era como la rentabilidad de Hollywood hace recomendable; rubia, espigada y preciosa, sino más bien una niña bajita, de pelo negro y tez rubicunda, no era precisamente lo que se esperaría de una heroína nacional, menos en Francia, tan cuidadosos a la hora de la facha.

Como cualquier muchacha campesina y humilde, tenía una rutina diaria, que miles como ella habían practicado en la misma tierra por cientos de años, de sol a sol y una que otra festividad para dar brillo a una existencia difícil y extenuante. Juana tenía sólo trece años cuando recibió el llamado: "Dios envió una voz para guiarme" como declararía más tarde. En los años siguientes, escuchó voces con frecuencia, hasta que decidió obedecerlas.

En enero de 1429 pasa al valle de Loira, donde el rey sin trono, Carlos VII de Francia, tenía su corte de ociosos. Vestida de negro, con el pelo muy corto, su mensaje no tuvo muchos preámbulos, procede a informarle y preguntarle; "el rey de los cielos me envía a vos con el mensaje de que seréis ungido y coronado en la ciudad de Reims ¿creéis que me envía Dios?" 

Tiene éxito, pero al seguir su marcha a París es capturada por los ingleses, descubre que tenía enemigos poderosos en ambos bandos, la Inquisición la condena por hereje y excomulga y el ejército inglés la quemó en la hoguera.

Para los impacientes a la hora de hacer justicia, es preciso recordar lo que a veces ésta tarda, aunque finalmente llegue. Veinticinco años más tarde el papa Calixto III, anuló el veredicto de culpabilidad de Juana. En 1920 otro papa, Benedicto XV, la canoniza. Francia termina venerándola. Aun así, es de alto riesgo escuchar voces y prestarse para hacerles caso.



PROCOPIO


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