El poder fiscalizador de la ciudadanía

Fecha Publicación: 24/9/2015

En una reunión cualquiera, entre en grupo de políticos cualquiera, en un país cualquiera, uno de los líderes se levanta de su asiento y plantea una interrogante abierta: "Tenemos que volver a ilusionar a nuestros simpatizantes... ¿Qué se les ocurre?". El más joven e ingenuo de los contertulios propone entonces una solución ocurrente: ¿Y si dimitimos?

Si bien se trata de una viñeta de diario El País de España, habría podido publicarse en Chile, al igual que en una enorme cantidad de países en el globo, por algunos de los cuales profesamos una poco disimulada admiración. Basta un rápido recorrido por la prensa mundial para confirmarlo.

¿Por qué se produce este fenómeno de descontento global, en un escenario de desconfianza creciente hacia nuestras autoridades?

Con la irrupción de las redes sociales en la segunda mitad de la década del 2000, la ciudadanía encontró una poderosa herramienta para entregar su opinión, manifestar su descontento y articular su movilización, tal como sucedió con el fenómeno de los Indignados o la Primavera Árabe en 2010.

Junto a ello, el acceso a la información, la rapidez e inmediatez de la mano de los teléfonos inteligentes (con cámaras incluidas), han llevado a que la ciudadanía tenga plena conciencia de lo que hacen y dejan de hacer sus representantes. Falta ahora que los políticos se den cuenta, pues en este escenario en que cualquier hijo de vecino puede ser un potencial fiscalizador, no resulta sensato que políticos persistan en prácticas mañosas del siglo XX.


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