Ser bueno puede ponerse de moda

Fecha Publicación: 18/11/2016

Empieza a ser de excelente tono, al asumir nuevas posiciones políticas en el país, ante el escenario de manifiesta desconfianza y rechazo a los usos y costumbres de parlamentarios, partidos e instituciones varias, hacerse cargo de las críticas y declarar arrepentimiento, con la íntima satisfacción de poder ejercer un acto redituable en cuanto a imagen y que no conlleva riesgo alguno.

Hay en estas declaraciones una sutil muestra de ingenuidad, ya que se espera que esas confesiones, casi siempre insuficientes y descomprometidas, sean reconocidas como actos valerosos, por no decir dignos de emocionado aplauso, cuando en realidad el sentimiento de culpa suele ser de la boca para fuera.

El tema del arrepentimiento y sus características ha sido examinado, con harto más detención que el conjunto de todas las actuales reformas, en el concilio de Trento, en periodos discontinuos durante 25 sesiones, entre el año 1545 y el 1563, para acordar que se trata del "dolor del alma y detestación de los pecados cometidos, con el propósito de no pecar más en el futuro" a mayor abundamiento, aclara que no puede consistir solamente en el propósito y comienzo de una vida nueva, sino que en principio ha de incluir también la repulsa explícita y libre a la vida pasada. 

No siempre de los arrepentidos es el reino de los cielos, muchas veces es sólo la antesala de otros y sucesivos arrepentimientos huecos, frases de buenas costumbres, dichas con premeditado impacto, en oportunidades elegidas con astucia, aplicación de maquillajes que afortunadamente la gente común ha aprendido a detectar. Lo que falta es que a los falsos arrepentidos se les pase la cuenta, que no sea gratuito dárselas de virtuoso.


PROCOPIO


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