Por un desarrollo productivo con valor agregado en la región

Fecha Publicación: 14/11/2016

En tiempos en que se vislumbra una relentización de la economía, se hace más evidente cuestionar el statu quo y plantear nuevos caminos para el desarrollo. Ello es particularmente evidente en una región como Bío Bío, que experimenta un proceso de desindustrialización, sumado a un alto desempleo, a la fuga de talentos locales, y en definitiva a una crisis de identidad y confianza.

En este escenario, vale la pena seguir ejemplos de otras latitudes, que en su momento debieron abordar problemáticas similares a las que hoy enfrenta Bío Bío, y que supieron reconvertirse, bajo el convencimiento que apostar por la innovación es invertir en el futuro. Así lo han comprobado en pocos años los países y ciudades que han puesto todo su empeño en potenciar el desarrollo de ideas. Emblemáticos son los casos de países como Japón, Irlanda o Finlandia, o de ciudades como Bilbao o Trento, que apostaron por el capital humano para surgir, y alzarse como modelos en base a su trabajo principalmente centrado en la innovación y el turismo.

Pero los resultados no se consiguen sólo con quererlo. En la sociedad del conocimiento, la Innovación y Desarrollo son pilares fundamentales para un país que busca alcanzar el progreso, pero eso se consigue con una inversión relevante y sostenida. Cerca de la mitad de las diferencias observadas en el ingreso percápita y el crecimiento del PIB de los países no se debe a las inversiones de capital, sino que a su desarrollo en el área tecnológica. En efecto, los países que generan nuevas tecnologías de punta tienen un crecimiento más rápido en comparación a la de los países pobres. Chile sigue teniendo una baja inversión en este concepto (un 0,5 % del PIB) en comparación a países como Canadá (2%), Estados Unidos (3%) o Finlandia (3,4%).

Por eso resulta especialmente valioso el impulso que ha dado el Gobierno Regional en mesas de trabajo orientadas a evaluar cuáles son las área más competitivas de Bío Bío, de modo a trazar un mapa prioritario para inyectar recursos y estímulos que puedan contribuir a revertir los indicadores macroeconómicos existentes. Entre los resultados positivos se encuentran hoy, por ejemplo, las potencialidades para explotar de mejor forma el turismo, para desarrollar un polo de elaboración avanzada de la madera, o para ganar competitividad internacional en los pujantes mercados vitivinícolas y del agro.

Es cierto que en Chile no sólo el Estado está al debe en I+D, sino también el sector privado. En las naciones desarrolladas, parte importante de la inversión la realizan las empresas, ya sea a través de entidades propias de investigación o a través de iniciativas conjuntas con universidades y Estado. Chile aún tiene un largo trecho por recorrer en la articulación empresa-universidad, y eso debe tenerlo muy claro el Gobierno. 

En tiempos en que se promueven una serie de reformas orientadas a la recaudación en el sector privado, y que aumentan imposiciones laborales que podrían desincentivar el emprendimiento, es necesario que se abran otras puertas que premien o estimulen a empresas de todos los tamaños a jugárselas por la innovación y la investigación, en alianza con quienes mejor saben hacerlo. La alianza entre los sectores público y privado ha generados frutos. Es clave seguir con la fórmula.


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