El símbolo del poeta ciego

Fecha Publicación: 24/9/2015

En los últimos tres milenios se han propuesto innumerables teorías en torno a la figura de Homero, el poeta que hacia el siglo 9 AC escribió la Iliada y la Odisea, obras fundacionales de la cultura occidental. Un cronista del siglo V AC afirmaba que Homero era el pseudónimo de Melesígenes, un rapsoda ciego nacido en Esmirna que recorrió Grecia escribiendo y difundiendo su obra. 

Estudios posteriores concluyeron que el autor de la Iliada no podía ser el mismo que el de la Odisea, y en el siglo XIX se llegó a plantear la idea de una multiplicidad de autores, los "homéridas", que la tradición habría unificado bajo la imagen simbólica del gran poeta ciego, que no ve por la vista, sino por el corazón, conectándose directamente con las musas y los dioses, atrapando así la fugaz belleza vedada al común de los hombres.

Sin importar cuál de todas estas teorías sea más cercana a una verdad, resulta claro que no se trata de un factor relevante para valorar en su justa medida estas dos obras determinantes en la construcción cultural e intelectual del mundo griego y en la germinación de occidente.

Eso, que no es relevante para una obra maestra de hace 3 milenios, sí lo es para cualquier obra pública de nuestros tiempos, donde las responsabilidades de autores, ejecutores y mandantes son claras, y donde una obra exitosa no puede ser excusa para hacer la vista gorda a desórdenes presupuestarios o contractuales. El símbolo del poeta ciego funcionó bien hace 3 mil años, pero para estos efectos, sería impresentable. 


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