La recuperación de los bosques ante el avance de la sequía

Fecha Publicación: 10/11/2016

Las acciones necesarias para enfrentar esta situación pasan necesariamente por políticas de Estado, a lo menos en tres frentes: impedir la destrucción de bosques, evaluar el impacto de plantaciones de alto consumo de agua y la forestación que contribuya a preservar el recurso hídrico.

 

Aparte de la polémica sobre las causas del calentamiento global y las medidas universales que deberían implementarse para aminorarlo, en el ámbito próximo, aquí mismo, en la otrora lluviosa Región del Bío Bío, hay indicadores inconfortables de sus efectos, ha llovido menos, las reservas naturales de agua se encuentra por debajo de sus cotas históricas y aunque de pronto llueva cuando no debiera, no llueve lo suficiente. 

Este fenómeno es del país entero, la escasez hídrica afecta al 72% del territorio nacional, unas 55 millones de hectáreas, según la Corporación Nacional Forestal (Conaf). En las estimaciones de esta entidad, las consecuencias de la sequía ya afectan a más de 16 millones de chilenos, o sea, el noventa por ciento de nosotros puede percibir, cuál más, cuál menos, que la situación se ha deteriorado en este aspecto. Es por supuesto mucho más notorio donde nunca hubo demasiada agua, como por ejemplo Coquimbo, con cerca de 4 millones de hectáreas afectadas y Atacama, con 1,8 millones. 

Por tanto, para el análisis, resulta preocupante que se observen niveles importantes de sequía en Bío Bío, La Araucanía y Magallanes, y los resultados asociados; la desertificación, que según la Conaf se aprecia en el 21,7% de Chile, o sea 16,3 millones de hectáreas, situación que a su vez deriva en la degradación de tierras, que se encuentra afectando al 79,1% del país.

No es necesario abundar sobre la gravedad de la situación, ya que tiene efectos inmediatos y concretos, como por ejemplo la actividad silvoagropecuaria, que presenta una pérdida importante de productividad y migración desde las zonas rurales, una situación que según los diagnósticos oficiales, se puede hacer más crítica en el corto plazo, especialmente en la zona con mayor densidad poblacional: el centro, comprendido entre Coquimbo y Bío Bío.

Las acciones necesarias para enfrentar esta situación pasan necesariamente por políticas de Estado, a lo menos en tres frentes; el primero es impedir la destrucción de bosques, el segundo es evaluar el impacto de plantaciones forestales de alto consumo de agua y el tercero es la forestación con árboles que contribuyan a preservar el recurso hídrico.

En nuestra región este tipo de iniciativas tiene como ejemplo el inicio de la recuperación del Cerro Cayumanqui, devastado por el incendio del año 2012 que arrasó con 20.000 hectáreas del ecosistema ubicado en la comuna de Quillón y Ránquil, aunque en escala modesta, con la plantación de árboles en una zona que abarcó 10 hectáreas. Se ha programado plantar un total de 150 mil ejemplares, los cuales abarcarán alrededor de 150 hectáreas, con este objeto se tiene actualmente en viveros 280 mil plantas nativas, como robles, boldos, ulmos y otras especies.

Con la cercanía de la temporada estival resurgen las amenazas sobre los bosques; enorme y rápida destrucción por los incendios, con el pronóstico, como se observa en el Cayumanqui, de una lenta, cara y compleja restauración. Por eso es destacable que se incluya un programa para impulsar un plan de educación ambiental que permita a las personas que habitan en las comunas en riesgo mayor contar con conocimientos y habilidades que les permitan proteger la biodiversidad existente, como así mismo iniciar campañas de educación a turistas y visitantes para proteger un recurso noble y transversalmente benéfico, por el bien de todo


 


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