A la sombra de los próceres

Fecha Publicación: 8/11/2016

Austerlitz, una de las batallas que los aficionados a este tipo de masacres describen como obra de arte, Napoleón había estudiado el terreno al detalle, observando que la niebla a finales de otoño llenaba las depresiones hasta el medio día, cuando el sol se abría paso. Allí situó al grueso de sus fuerzas, ocultas bajo la bruma. "He aquí la velada más hermosa de mi vida, aunque no quiero pensar que voy a perder a buena parte de esos valientes, son verdaderamente mis hijos", escribió, enternecido, en su diario. Es discutible el amor paternal napoleónico, pero puede ser tema para después.

Para sorpresa de rusos y austríacos, salieron franceses por todos lados al disipar la neblina, Napoleón informa a Josefina; "he derrotado a dos emperadores, el ejército ruso no sólo ha sido vencido, ha sido aniquilado". Sin hacer mención al elevado número de muertos y heridos, como parece ser la característica de los grandes generales, libres de inquietudes sentimentales por asuntos tan nimios como algunos centenares de miles de muertos, simple insumo de cualquier batalla decente.

Por lo tanto, no hay comentarios napoleónicos sobre la tremenda labor llevada a cabo por las ambulancias inventadas por Dominique-Jean Larrey, un médico del ejército del emperador que había observado que muchos heridos, con muchas posibilidades de sobrevivir, morían desangrados en el campo de batalla por no haber recibido ayuda médica oportuna. Para el efecto diseñó la que denominó ambulancia volante, un pequeño carruaje cerrado de dos ruedas tirado por dos caballos. Sin él las cosas habrían sido aún peor.

Para entender cómo somos los humanos, todos sabiendo de Bonaparte, muy pocos de quienes se hacían cargo de los estropicios.

PROCOPIO


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