El poder predictor de la vilipendiada PSU

Fecha Publicación: 6/11/2016

Lo que se busca en consecuencia, son indicadores que permitan predecir con la mayor certeza posible cuáles estudiantes tienen las mejores posibilidades de cumplir adecuadamente con las expectativas, tanto personales como del sistema.

 

Por motivos no siempre fáciles de adivinar, hay personas que opinan que la causa de los malos indicadores está en la mala calidad de los instrumentos, pidiendo en cambio otros que tengan diferentes sensibilidades, algo así como termómetros empáticos, que den lectura diferente según la condición anímica del enfermo.

En un listado por completar, se pretende modificar los métodos para medir pobreza, o distribución de la riqueza, o el rendimiento escolar, o las pruebas para ingresar a la universidad, o a los institutos de formación técnica, como si los instrumentos para registrar esas variables no fueran lo suficientemente sensibles como para detectar cambios para bien, siendo entonces malos instrumentos, con una suerte de enconado animismo.

Particularmente, avanzado se encuentra el proyecto de eliminación de la PSU, por mucho que se haya discutido que esta prueba no tiene la intención original de bloquear el ingreso a los jóvenes, sino hacer un diagnóstico de las competencias logradas, que resultan necesarias para tener un aceptable desempeño académico y evitar agregarlos al numeroso grupo de quienes, ingresando por otros medios, sin esas competencias, resultan eliminados del sistema, que les plantea dificultades insuperables. PSU o no PSU, si los aprendizajes de la educación media han resultado insuficientes o inadecuados, por causas que, eso sí, es imperioso discutir, no hay vara de medida correcta que pueda indicar lo contrario, es decir corrigiendo lo que es estructuralmente deficitario.

Desde hace 12 años, la Prueba de Selección Universitaria (PSU) ha regulado el ingreso de los alumnos a las universidades asociadas al Sistema Único de Admisión (SUA), una herramienta que ha sido acusada de fomentar la desigualdad, ya que los alumnos que obtienen mejores puntajes, en general, pertenecen a los niveles socioeconómicos más altos. 

Los estudios superiores, como la denominación dan a entender la profundización de conocimientos a niveles avanzados de complejidad, si no hay una base sobre la cual construir nuevo conocimiento, este exigente proceso determinará el fracaso de quien no tengan la preparación suficiente, se alargan los programas de estudio, aumenta la repitencia y aumentan las deserciones y abandonos, malas y muy caras estadísticas para los sistemas de educación superior de cualquier país.

Lo que se busca en consecuencia, son indicadores que permitan predecir con la mayor certeza posible cuáles estudiantes tienen las mejores posibilidades de cumplir adecuadamente con las expectativas, tanto personales como del sistema. Para la dirección del Demre- Departamento de evaluación, medición y registro educacional- la PSU sigue siendo el mejor predictor de que los alumnos terminarán sus carreras, con la observación de que puede ser perfectible y realizar modificaciones para que el sistema de acceso sea más equitativo, entre las que podría estar recortar los temarios.

Este último punto es importante, ya que si elimina contenidos, se corre el riesgo de que esos temas no sean cubiertos en las aulas, aunque es necesario suprimir lo que no contribuye a la predictibilidad de la prueba. Es absurdo transformar este tema en una contienda política, según popularidad. Por muy políticamente correcto que sea eliminar pruebas o evaluaciones, se trata de asegurar que los esfuerzos de los estudiantes los lleven a sus objetivos y salir al paso de los vendedores de ilusiones.

 


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF