La no siempre válida primera impresión

Fecha Publicación: 4/11/2016

El presidente de EE.UU Theodore Roosevelt, a caballo, listo para emprenderla a sablazos o balazos con cualquiera políticamente indeseable. Con un grupo de voluntarios de caballería, Roosevelt Rough Riders, los rudos jinetes de Roosevelt, fue el prototipo del ejecutivo en el frente.

Sin embargo, cuando niño no daba seguridades a nadie. Enfermizo extremo, afectado por el asma, jadeaba de noche, días en condición exhausta, flaco de piernas, rostro pálido y con el aparato digestivo en permanente estado de sorpresa.

No era por falta de empeño, jugaba con sus dos hermanas, andando a caballo, recogiendo manzanas, cazando ranas, pero no daba para mucho y no pudo ir a la escuela, recibiendo educación a domicilio. Su padre, un tipo robusto poco amigo de enclenques, le instaló un gimnasio, con clases de boxeo incluidas. Además, Teddy descubre que es miope y junto con ese descubrimiento entendió porque andaba a tropezones por el mundo, famoso por lo torpe y por la mala puntería.

Nunca más olvidó lo que pasó, toda su vida hizo esfuerzos para retirar las causas físicas de deficiencia en los niños que, con frecuencia, son acusados injustamente de obstinados, distraídos o simplemente tontos.

Estamos por lo general convencidos que los sentidos son comunes en todos los niños, se supone que sus oídos, los ojos y el olfato funcionan como Dios manda, sin asumir que por muchos años los niños están discapacitados para hacernos saber que algo anda mal, o peor aún, sin darse ellos cuenta. Nadie nos dijo que estar a cargo de niños es fácil, por eso es bueno recordar que hay que estar muchas veces atentos a la jugada.

PROCOPIO


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