Cambios en el transporte público del Gran Concepción

Fecha Publicación: 27/10/2016

La conectividad de la ciudad e interurbana se encuentra saturada, aumentar frecuencias o números de pequeños buses no es la solución, es otra vuelta de tuerca al mismo problema, aún con buses color turquesa.

 

Saliendo desde la partida al paso de eventuales comentarios ofendidos, es necesario aclarar que no se trata de menospreciar las iniciativas relativas a la locomoción colectiva, los anunciados cambios en el sistema de transporte público de la ciudad, sino puntualizar que hay una evidente confusión en términos de prioridades. Sin eufemismos; el color turquesa no soluciona el problema existente y es ciertamente dudoso que esa innovación deje a los usuarios satisfechos.

Se insinúa que simultáneamente se mejorará el estado de las máquinas, como conclusión satisfecha de una consulta ciudadana, una meta republicana en sí misma, para cambiar la imagen de los buses, que parte de la base, aún por establecer, que la imagen depende en alguna medida significativa del aspecto externo de los taxibuses.

Si se hubiera hecho una consulta más abierta, no solo de la gama cromática, sino sobre la calidad del servicio prestado, o las características de su funcionamiento, es muy posible que hubieran emergido aspectos sustantivos, que en esta oportunidad quedan sin mencionar. Sin otra encuesta incluso, de atender reclamos y opiniones por diversas vías, se habría podido describir los objetivos reales, los dirigidos a mejorar el sistema hasta transformarlo en una alternativa deseable frente al transporte en vehículos particulares.

Podría haberse detectado, por ejemplo, que los taxibuses se desplazan imprudentemente, a exceso de velocidad, con adelantamientos indebidos y con acciones intimidante a otros vehículos menores, que hay conductores agresivos y de malos modos, que hay personajes que registran sus pasadas y alertan de la presencia de competidores para capturar pasajeros a como dé lugar.

Podría haberse concluido que hace falta un cambio estructural del sistema, que debe estar como un condicionante para licitación, no como una negociación de la cual resulte lo mejor posible, aunque esté lejos de lo que en realidad hace falta, como ha ocurrido con anterioridad, con promesas de mejores frecuencias, control de flota en línea, extensión horaria de los servicios y nuevas variantes.

Una consideración importante, es la mejora de las condiciones laborales de los conductores, un talón de Aquiles del sistema, que deja al conductor con una base salarial insuficiente y encargado de mejorarla mediante su capacidad de tomar mayor número de pasajeros, lo que en parte explica la dura competencia en los paraderos y las maniobras para hacer durar la espera en sitios de mayor concurrencia.

Es muy rescatable la idea de sistemas de prepago o de tarjeta única para el Biotren y líneas de buses de acercamiento. Los empresarios del transporte saben que en su rubro hay notables avances en el primer mundo que resultan perfectamente aplicables a n nuestra realidad, pero para eso se requiere de propuestas que permita pensar en grande.

Es necesario ser sinceros, el transporte público está pensado para una población que no tiene otra opción que utilizarlo, en la condición que se encuentre, es de esa manera negativamente discriminador, lo que se requiere es un sistema que sirva a todos los ciudadanos, que exige cambios sustanciales en calidad.

La conectividad de la ciudad e interurbana se encuentra saturada, aumentar frecuencias o números de pequeños buses no es la solución, es otra vuelta de tuerca al mismo problema, aún con buses color turquesa.


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