En estas elecciones todos hemos perdido

Fecha Publicación: 24/10/2016

No se puede describir la situación como decepcionante, pues hasta cierto punto habría sido iluso esperar resultados diferentes. Se había anunciado en todos los tonos y por los medios más diversos, que la gran sombra en la recién terminada jornada electoral era que los ciudadanos decidieran no ir. Es diferente a decir que decidieron no expresarse, porque sí lo han hecho por las redes sociales y en este silencio hosco, que es como puede interpretarse este numeroso y colectivo gesto de alejamiento.

En un gobierno que ha tratado de cambiar las varas de medida, resulta imposible de desdibujar los referentes para comparar los resultados con la alta abstención registrada en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2013. Alrededor de 5.672.356 chilenos llegaron hasta las urnas ese domingo, de un total de 13.573.000 votantes según las cifras del Servel. En términos crudos, el 58,21% no fue a votar.

El debate que se instaló entonces vuelve a estar presente ahora, solo que con algunos agravantes, ya que las elecciones municipales se hacen entre gente vecina y al mismo tiempo, los resultados de la elección afectan directamente la cotidianidad de los ciudadanos. El asunto fue entonces y vuelva a ser ahora, la legitimidad de los resultados de esta elección.

En la pasada convocatoria, la Primera Mandataria resultó elegida con el 62% del 41.79% del universo electoral. Sin mayores consideraciones, que en su oportunidad se hicieron, el hecho escueto es que hubo entonces a nivel nacional, como ocurrió ahora localmente, una importante desconexión con el proceso democrático.

Resulta explicable que ante estos bajos números, desde el gobierno recién electo se hiciera la recomendación de no cuestionar la legitimidad de los resultados, por la baja participación de votantes; "en democracia gana el que tiene más votos. La legitimidad no depende de cuánta gente vote". Por mucho que la realidad indique que un candidato electo por un gran número de sufragios es más robusto, con más autoridad moral y respaldo a la hora de gobernar. 

Con esos resultados, Chile pasó a ser el país líder en abstención, el segundo puesto lo ocupa Eslovenia, donde se llega al 57,6%, seguido por Mali (54,2%) y Serbia (53,7%). Es lamentable mostrar, en estas elecciones, que la abstención estableció un nuevo récord, cercano a un patético 70%.

La magra votación que se mostró en estas municipales es más elocuente si se piensa que las municipalidades son centros de poder de menor escala, observados por la ciudadanía con mayor cercanía y percibidos, por lo mismo, de muy estrecha vinculación con la realidad objetiva de cada comuna, con profunda influencia en las características de la ciudad el bienestar ciudadano y en la calidad de vida de la urbe. 

Nadie puede estar satisfecho, ni los electos, ni aquellos que se conforman con ver la derrota de sus oponentes. La verdad es que hemos perdido todos, todos los que consideramos a la democracia como un bien supremo para Chile. Verla debilitada, o subvalorada, es una mala noticia y al mismo tiempo una señal para cambiar de método; determinadas situaciones, como la actual, son demasiado relevantes como para declarar que basta con ganar, no importa con cual respaldo.
 


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