Impasse del padrón, el mejor regalo

Fecha Publicación: 23/10/2016

Ingentes recursos invirtió el Gobierno en fomentar la participación en las elecciones de mañana. Políticos de todos los sectores han invitado -prácticamente implorado- a sus potenciales electores a concurrir a las urnas. 

Claro, también están los que llaman a expresar su rechazo, negándose al ejercicio de doblar un pedazo de papel para depositarlo en una urna, acto de nihilismo que asume que manifestar la voluntad ciudadana implica complicidad con el sistema imperante. 

Y están los desmotivados. Que queriendo sufragar, no saben por quién hacerlo o no se sienten en nada representados por los que figuran en la cédula. Ya lo dijo con amarga ironía el columnista de derecha, Hermógenes Pérez de Arce: "no tengo por quién votar". 

Los agoreros apuntan a una histórica baja participación. Pepe Auth proyectó que solo el 37% del padrón electoral cumpliría con su "deber cívico". Consecuentemente, de ese minoritario universo saldrán las mayorías (sumamente) relativas que elegirán a nuestros alcaldes y concejales. Si a eso se le restan las casi 500 mil personas que no podrán votar por el desaguisado del padrón electoral entre el Registro Civil, su contratista y el Servel, el escenario es del terror. 

Yo, pese a todo, soy optimista. Y también creo en milagros. Pienso que el bochorno de los cambios de comuna en el padrón, fue lo mejor que nos pudo ocurrir. Así, tal cual. Siempre se dice que no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Pues bien, la pérdida de medio millón de electores puede ayudarnos a abrir los ojos para ver lo importante que es la expresión de la voluntad ciudadana. Con algo de suerte, esta inaceptable pérdida nos ayudará a valorar más nuestra democracia. 

PIGMALIÓN
 


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