La nobleza de capa caída

Fecha Publicación: 22/10/2016

Hay indicios, a veces muy tenues, para darse cuenta cómo los cambios no siempre son para bien, a pesar de la fuerza apelativa del reclamo por "no más de mismo", como una bandera de lucha que inescapablemente nos conducirá a mejores destinos, que el futuro será mejor que esta realidad ruin, consecuencia fatal de dejar las cosas tal y cual están.

Sin embargo, hay lindas palabras que ahora han perdido lustre, cuando debieron haber permanecido con el sentido que tenían, por razones dignas de comentar, la palabra "nobleza", por ejemplo, la que para poder usarla ahora hay que tomar algunos resguardos, ya que es difícil pronunciarla sin abrir espacio a la ironía o a la incredulidad. En consecuencia, suele emitirse con el agregado del "pero", "el proyecto de recuperar el bosque era noble, pero...". La palabra ha llegado a sugerir una manera de pensar poco realista, ingenua, por no decir tonta.

Un experimento noble, normalmente falla, un propósito noble no resulta por razones prácticas, una noble profesión no es rentable, un noble salvaje no se encuentra por lado alguno. La nobleza, en consecuencia, parece ser un término propio de épocas pasadas, de tiempos añejos.

Parte de ese aparente anacronismo es debido a la mezcla del concepto de nobleza con un estrato alto de la sociedad, cuando en realidad ambas situaciones, la virtud y la condición socioeconómica, no caminan por lo general en la misma senda, o no necesariamente, como fue en los tiempos de la antigua Roma, donde la nobleza, como en otras épocas felices, obligaba. En los tiempos que corren, más cercanos a la materia que al espíritu, nobleza puede ser una condición sospechosa que más vale la pena mirar más de cerca, antes de darla por auténtica, ya que puede estar en los sitios menos pensados.

 

PROCOPIO


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