La crisis de la vida virtuosa

Fecha Publicación: 17/10/2016


Como no se trata de una novela policial, se puede decir ahora mismo que al final Cicerón fue derrotado por la fuerza. Siendo en el fondo un tanto pusilánime, había logrado el título de padre de la patria concedido por el Senado romano al haber puesto en evidencia y derrotado, a lo que es discurso- las muy famosas catilinarias- a Lucio Sergio Catilina, quien tenía un plan para hacerse con el gobierno de Roma, aliado a una turbamulta de indeseables.

Vivió en uno de los tiempos más peligrosos, en las luchas civiles que terminarían con la República, en medio de personajes de mortal peligrosidad, Julio Cesar, Pompeyo, Marco Antonio, cada uno de ellos con seguidores convencidos y sin escrúpulos a la hora de limpiar la cancha de oponentes indeseables o simplemente molestos. 

Después del asesinato de César, el comportamiento de Cicerón fue un tanto imprudente al criticar demasiado elocuentemente las maniobras antidemocráticas de Octavio y Marco Antonio, este último lo mandó a matar e hizo clavar sus dos manos en el centro del foro, como una advertencia a los que se dispusieran a escribir con demasiado desenfado sobre las autoridades vigentes.

Su último libro podría ser útil en los actuales tiempos, Sobre el deber, lleno de reflexiones ante dudas frecuentes; cómo de honrado tenía que ser un empresario, o político. Cómo debería un hombre bueno responder a las injustas demandas de un poderoso, si era correcto que permaneciera en silencio, o debería alzar la voz y protestar, incluso si era peligroso. Si tenían los inferiores derechos que había que respetar.

Habrán asesinado a Cicerón el año 43 a.C., pero dos mil años después, sus ideas están todavía aquí, vivitas y por resolver.

PROCOPIO


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