La educación como una herramienta vital para vivir en sociedad

Fecha Publicación: 20/9/2015

El devenir de los acontecimientos suele enmascarar, o por lo menos dejar en un plano menos visible, asuntos que en su momento estaban en el epicentro de la noticia. La nueva catástrofe, con el centro norte del país sufriendo un nuevo y destructivo sismo, ha puesto la atención en el esfuerzo que será necesario para recuperar la normalidad y en el nuevo gasto considerable y no esperado para la billetera del estado, la cual se ha visto demasiado requerida en el presente año. Sin embargo, la vida continúa, visible o no.

En el área de la educación, objeto de intenso debate se habían anunciado avances notables por la ministra de Educación, Adriana Delpiano, hace un par de meses, declarando que al reconocer que los profesores son una pieza clave en el esfuerzo que se está haciendo, no se debe olvidar que el fin último son las niñas y niños de Chile. Al dar a conocer las principales modificaciones que hará el ejecutivo al proyecto, que establece un nuevo Sistema de Desarrollo Profesional para los docentes, ante la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, declara la intención de "ver dónde tenemos que apoyar, cómo tenemos que mejorar, cómo tenemos que atraer y formar a los mejores profesores".

El jueves 10 de este mes, la comisión aludida aprobó las indicaciones y el proyecto seguirá el proceso legislativo con importantes modificaciones, que hacen más exigentes los requisitos para la acreditación de las carreras de pedagogía y fomentan la calidad de la formación de los futuros docentes. Garantizan el derecho de los profesores a la inducción cuando inician trabajo y a la formación continua en su ejercicio.

Nada de lo anterior resulta sorpresivo. Es el modo como las iniciativas que importan a todo el país tienen que ser tratadas. Pasos predecibles, con las instancias adecuadas para que el producto refleje cabalmente las auténticas necesidades de la sociedad chilena y la deje transitando en un camino mejor que el anterior, en ruta a mejor y mayor progreso.

Alejarse por un momento de las propuestas teóricas resulta aleccionador, dar una mirada a situaciones imperantes en el modo de actuar de la población de Chile, que contrastan fuertemente con lo que cualquiera podría ver si visita el denominado primer mundo, con el cual explícitamente este país quiere identificarse. Por indicar solo algunas características más gruesas: respeto de los ciudadanos hacia el bien común y del uno hacia el otro, en signos tan simples como el cuidado de bienes públicos y el respeto a los turnos en trámites o compras, el aseo de las ciudades en calles y espacios públicos, la honradez, el sencillo precepto de no robar y, entre otras, la responsabilidad y seriedad en el cumplimiento de compromisos.

Al observar la periferia de nuestras muy buenas carreteras, particularmente en zonas destinadas al reposo o a miradores escénicos, o los espacios en la periferia de las ciudades, más una comparación con lo indicado en el párrafo anterior, queda claro que la educación de nuestros niños no ha logrado cambiar el comportamiento de la sociedad. Esa mala base es un obstáculo a eliminar, sin educación de calidad habrá otra generación perdida para estos propósitos, por una parte la herramienta para el desarrollo personal, por otro, el olvidado mundo de vivir en sociedad, educar en el respeto, en la honestidad como acto natural, en la convivencia respetuosas en el valor de cada persona con la cual se convive en esta hermosa patria nuestra.


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