El respeto por la dignidad del otro

Fecha Publicación: 20/9/2015

Es otra de las características indeseables de nuestra cultura, no solamente local, la atracción por observar el dolor ajeno, la morbosa tendencia de contemplar de cerca la desgracia de los otros. Ocurre con velocidad digna de asombro, a pocos segundos, acuden desde los lugares más impensados multitudes de personas que se empujan unas a otras para mirar las consecuencias de un accidente grave de tránsito. Mientras más grave, más gente. 

El fenómeno se ha hecho evidente en los sectores afectados por el terremoto del norte. Los vecinos, entre indignación y comprensible molestia por esta actitud, los han denominado "turistas de terremoto", aquellos que se han tomado la molestia de embarcar a su familia en un automóvil para tomar fotos de sus congéneres en desgracia.

En contraste, la otra faceta de la respuesta es ejemplarizadora y optimista: una multitud de voluntarios, con recursos y herramientas para ponerse a trabajar junto al hombro de aquel que ha perdido su casa, o tiene daños considerables. Se ha hecho con premura, solidariamente, y una voluntaria universitaria lo explica con simpleza y claridad: "Es algo que le puede ocurrir a cualquiera, hay que ponerse en el lugar del otro para entender el sufrimiento de perderlo todo".

Ese comentario es el que señala la cultura faltante en todos los demás, la que no estuvo cuando se estaba educando a las personas, la que no existía en los valores de la familia; el respeto a la dignidad de los otros. 


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