Solidaridad, la verdadera y la otra

Fecha Publicación: 16/10/2016

Sin alcanzar más que episódicamente notoriedad pública, hay incontables muestras de solidaridad auténtica en todas partes, aunque por su mismo anonimato no exista de estos actos un registro que permita alimentar las siempre ávidas estadísticas. Actos silenciosos y anónimos que a veces tienen la posibilidad de externalizarse y que permiten descubrir que queda gente buena.

La respuesta de ese tipo de describe como solidaria, una acción que muestra apoyo incondicional a otros, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles, un sentimiento a través del cual las personas se sienten movidas a prestar ayuda. Sin esa forma de respuesta la sociedad cojea, ya que una de las razones para conformarla es encontrar mutua protección, es lo que la palabra latina da a entender, "solidus"; firme, densa y fuerte.

La auténtica solidaridad no requiere condecoraciones ni fotos en primera plana, es un valor social que espontáneamente solidariza con los sentimientos ante la desgracia ajena, asumiéndola como propia, que necesariamente viene precedida por un sentimiento de empatía por las circunstancias de los demás.

Lamentablemente, se presta, por el impacto que tiene, para blanquear sepulcros, los gestos de generosidad redituable, la falsa piedad, que se perdona a regañadientes porque la ayuda hace tanta falta, pero que en el fondo es como cancelar los pecados con efectivo, como la venta de indulgencias.

Sin solidaridad la civilización se transforma en selva, en un ejercicio darwiniano en el cual el débil es eliminado, sin considerar que sus fortalezas pueden ser de otra naturaleza, con una diversidad que enriquece los colectivos cuando cambian las circunstancias, como un poeta en medio de la guerra. 

PROCOPIO
 


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