Cuando el discurso cambia de acuerdo al bando en que se milite

Fecha Publicación: 20/9/2015

Lidiar con los opositores del modo más expedito, haciendo uso pleno del poder y la fuerza, ante la imposibilidad de reducirlos por otros medios. La extirpación de las ideas en contrario, haciendo amplio y reiterado uso del castigo y la violencia, sin poder derrotarlas con argumentos de parecida y más poderosa lógica, es tan antigua como la sociedad. De hecho, una de las razones para buscar modos de vivir en democracia, ha sido evitar que ambos procedimientos tan ilegítimos como abusivos, sigan utilizándose.

La lista acompaña el desarrollo de la historia, con opresores desde la sociedad, desde el gobierno, desde la religión, en cualquier entorno de poder, es la marca de clase de la inequidad política, del olvido o de la ausencia de los derechos humanos. Las señales de corrupción de las esferas del poder, que llegado a un punto de autoperpetuación, ataca con fiereza a cualquiera que ponga en evidencia sus intenciones absolutistas, o mesiánicas, de no aceptar opositores, viendo en ellos, enemigos imperdonables y de extrema peligrosidad, como Leopoldo López Mendoza, sentenciado a casi 14 años de prisión por convocar una marcha de la disidencia.

Un concepto muy relacionado con la disidencia política es el derecho a la resistencia, el cual se reconoce a cualquier pueblo que se vea sometido a un gobierno no democrático, o bien a una democracia que haya caído en la corrupción extrema. Consiste en brindarle la posibilidad de derrocarlo y reemplazarlo por uno legítimo, insistiendo en la igual oportunidad para emplear los recursos de la democracia.

La igualdad de oportunidades estuvo desvergonzadamente ausente; Jacqueline Faría, candidata chavista, ex ministra de Comunicación e Información, llama a los militantes chavistas a reunirse en la plaza Diego Ibarra vecina al Palacio de Justicia, donde se estaba realizando la audiencia de López "Camaradas vamos tod@s en apoyo a las @VictimaGuarimba -como se conocen en Venezuela las protestas antigubernamentales- y a exigir justicia ", allá estuvieron en el juicio, con la policía ausente, para atacar con violencia a los seguidores de López, entre ellos, su esposa.

Se acumularon, en medio de perfecta indiferencia, los reclamos del abogado defensor; la asimetría de 163 personas entre testigos y peritos presentadas por la Fiscalía, mientras que a la defensa solo se le admitieron dos de una cincuentena. Un juicio a puerta cerrada, cuando la ley venezolana establece que las audiencias deben ser orales y públicas.

La posición del gobierno chileno, de solicitar garantías judiciales, ha sido cuestionada por el gobierno venezolano, el que refugia sus arbitrariedades evidentes para todos los países democráticos del mundo, tras la cortina de la presunta intromisión en asuntos internos. La primera de una serie de falacias en las cuales ha basado su escalamiento hacia el poder incontrarrestado. La falacia fundamental en este caso es que los derechos humanos no son un asunto privado de los gobiernos, sino un derecho de toda la humanidad, la justicia, entre ellos.

Contrasta con esa correcta posición del gobierno, la de algunos políticos nacionales que emiten declaraciones melifluas, muy propia de coreografías norcoreanas, sobre el respeto a los asuntos de las otras naciones, sin recordar que estaban, algunos de ellos, exactamente en la posición de López y fueron defendidos o acogidos por eventuales intrusos, si se acepta su acomodaticia argumentación.


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