Sobre el imponderable y la adaptación a los cambios de escenario

Fecha Publicación: 18/9/2015

Por mucho que se emplea al efecto las medidas más enérgicas, la fuerza más avasalladora y contumaz, la luz de la razón termina por encontrar un momento para presentarse, a veces basta con solo poco más de iluminación para hacer, por contraste, insoportablemente evidente la existencia del resto de la verdad todavía oculta. 

El devenir de los acontecimientos en cuanto a las reformas propuestas por el Gobierno, como soporte estructural de cambios que transformarían completamente la sociedad chilena, ha demostrado que no es solo asunto de íntimo convencimiento, de fanático idealismo, de entrega incuestionable e incondicional a principios partidarios, el convencer a toda la sociedad que acepte, en plazo breve y conminatorio, las nuevas tablas de la ley, por impresionante que haya sido en el principio, el ceremonial de su presentación bajando la montaña.

Apenas transformadas, desde la arenga a la redacción legislativa, se hizo evidente que los mensajes tenían demasiadas lecturas, muchos defectos por los cuales los objetivos de estas nuevas leyes corrían el peligro de alejarse o ser gruesamente, distorsionadas. Se perdió en ese momento una magnífica ocasión para estrechar filas teniendo a la vista la prosperidad de Chile y los chilenos, aquella de aprovechar la buena voluntad inicial para obtener consensos constructivos, cegados los fundamentalistas de las tablas grabadas en granito del programa de Gobierno, sin aceptar que como cualquier programa de esta naturaleza, hay otras ópticas que considerar.

La realidad tiene formas directas y poderosas de hacerse presente cuando es subvalorada, en el caso chileno, el impacto de una economía planetaria en problemas, arrastrada por la globalidad del dinero, que como una entidad sin fronteras es como otro imperio, anónimo y sin fronteras, que no tiene más referente que su propia capacidad de crecer, sin otras consideraciones, del todo ajeno a fidelidades o humanidad. Internamente, esas fuerzas, más las resultantes del ambiente creado por dudas y sospechas, más defectos y transformaciones en la, a veces, confusa evolución de las propuestas, han determinado la necesidad de abrir un espacio para reflexionar.

La propuestas de los hombres tienen entonces barreras de dos naturalezas, la primera, ya descrita, la presupuestable oposición de quienes se sientan dañados por ellas, que debió haber sido suficientemente aquilatada y una segunda, esta vez imponderable, el azar, la suerte, el destino, como quiera llamarse, en este caso la ciega acción de la naturaleza que golpea una vez más al territorio nacional, recordando sus fragilidades.

En medio de las celebraciones de Fiestas Patrias, marcadas por hechos luctuosos, se hace evidente esta dualidad entre los deseos y las realidades, de tal magnitud que no se trata solamente de volver a reunir las partes en conflicto, sino señalar claramente una pausa, perfectamente comprensible, para revisar, con el mayor realismo posible, cual es el orden de las prioridades, que debe emprenderse ahora mismo y que debería esperar una oportunidad mejor, poner en la balanza el bienestar de los chilenos, por sobre las conveniencias ideológicas de los partidos políticos y sus promesas de campaña.

Será menos difícil para los comprometidos por las promesas, dar a entender las razones de fuerza mayor, en los dos ambientes, en aquel predecible de una oposición constructiva y en el de los efectos de los daños causados por las últimas catástrofes. Seguir adelante, impertérritos, sería tan necio como imperdonable.


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