Popularidad versus idoneidad: dilema de partidos en elecciones

Fecha Publicación: 30/9/2016

La casuística indica que la elección de los partidos de sus candidatos suele responder más a ingeniería política para asegurar un número de escaños a nivel nacional, que a la búsqueda de los hombres y mujeres más idóneos para representarlos.

 

En estos tiempos de c ampaña s electorales, resurge la di scusión en torno a la idoneidad de los candidatos postulados por los partidos para ocupar cargos de responsabilidad. Y allí es cuando entran en conflicto conc eptos y e s lógane s . Así , mientras los partidos enarbolan las banderas de la renovación, de los líderes emergentes, a la hora de la verdad, las cifras dicen otra cosa. Un ejemplo claro es la información publicada esta semana por Diario Concepción: de los 14 diputados en ejercicio hoy en Bío Bío, 13 se repostularán en 2017. Solo no lo haría aquel que se encuentra procesado por violaciones a Derechos Humanos en dictadura.

Pero no si empre l as caras nuevas se salvan de las críticas, especialmente cuando los propios partidos tienden a abusar de “figuras públicas” que no necesariamente tienen una trayectoria política o social, pero que sí son reconocidos por la ciudadanía por “salir en la tele”. Llámese actores, conductores, deportistas, músicos, etc. Se los elige porque son populares, un mejor pie para asegurar un mínimo de votos, pero no por sus capac idades , preparación y probidad.

También es recurrente la figura de optar por parientes de figuras políticas probadas, una suerte de dudoso criterio de “idoneidad por sangre” con características de resabio colonial, o incluso medieval.

La casuística indica que la elección de los partidos de sus candidatos suele responder más a ingeniería política para asegurar un número de escaños a nivel nacional, que a la búsqueda de los hombres y mujeres más idóneos para representarlos. Pesa más su capacidad para una buena campaña que el aporte que pueda representar a su base electoral. Así es como se va desgastando la imagen de la política y se debilita la calidad de nuestra democracia.

Es un hecho de la causa que los intereses de los políticos no siempre están en sintonía con las necesidades de quienes los eligen, y ahí nace el desinterés ciudadano para hacerse parte de un proceso que sienten lejano y que no los representa. Basta ver la elevada abstención desde que se implementó el voto voluntario e inscripción automática, y que se acerca peligrosamente al 50% del cuerpo electoral.

Algunos han proyectado incluso un 37%, aunque la encuesta de Corbiobío presentada este martes muestra una tendencia contraria: que un 72% de los encuestados en la Región asegura que votará. La gente quiere hoy más que promesas, abrazos en el puerta a puerta, declaraciones rimbombantes, globos y confetti. Bío Bío es la segunda región más grande de Chile; es gran productora de conocimientos y servicios; es potencia universitaria, industrial, forestal, pesquera y agropecuaria; es una región rica en cultura y con grandes talentos deportivos. Pero también se ha estancado en crecimiento, posee a algunas de las comunas más pobres y con mayor desempleo del país, tiene problemas de conectividad y replica el modelo del centralismo de la capital regional a las provincias más alejadas. Por tanto, hay mucho trabajo por hacer.

Bío Bío merece los mejores líderes, serios, responsables, creíbles, que conozcan la zona y sus problemas. Eso es lo que exigen hoy los habitantes de la Región, de todos los colores y afinidades políticas. Sólo con buenos representantes, la ciudadanía podrá recuperar la confianza en el sistema político, tan necesario para el buen funcionamiento del Estado.


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