Resiliencia y búsqueda de sentido

Fecha Publicación: 30/9/2016

Todos los días perdemos algo, sin embargo, no todas son pérdidas significativas. La diferencia radica en el aprendizaje que nos dejan. Y es ahí cuando desarrollamos nuestra capacidad de resiliencia, que en física significa la facultad de un material de recuperar su forma original después de haber sido sometido a altas presiones. Definitivamente, en ciencias humanas su acepción trasciende lo puramente corporal. Trabajar para la resiliencia es enriquecer nuestra espiritualidad.

El sociólogo belga Stefan Vanistendael y el psicólogo francés Jaques Leconte plantean que una casa, al igual que una persona resiliente, tiene una estructura dúctil. Es una obra, posee una historia y necesita cuidados, reparaciones y mejoras. Las habitaciones se comunican entre sí, orientándonos a la idea que la resiliencia, más que una cualidad estática, es un entramado de muchos elementos.

Bajo esta mirada, las adversidades que enfrentamos día a día representan los materiales requeridos para la edificación. La frase del neurosiquiatra judío francés Boris Cyrulnik, lo grafica bien: “La maduración postraumática le da un nuevo sabor al mundo”. Lo más sorprendente es que sus padres fueron asesinados por los nazis y desde allí este gran humanista edificó la esperanza.

El vacío que dejan los seres queridos cuando se van, es enorme y posiblemente no se llena nunca. Pero son quienes quedan los que tienen la tarea más compleja: la de reconstruirse y encontrar su “para qué”.

Tal como plantea Victor Frankl en “El Hombre en Busca de Sentido”: déjense llevar, tengan un respiro, piensen en la nobleza de estos seres y ríndanse ante vuestra propia y inconmensurable capacidad de resistir”.

HYPATIA


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF