Vivir para perdonar

Fecha Publicación: 26/9/2016

Hace 22 años, en Ruanda, una pequeña nación centroafricana, ocurrió el más atroz genocidio de fines del siglo XX: durante 100 días, hombres de la tribu de los hutus asesinaron a más de 800 mil personas, en su mayoría de la tribu de los tutsi. A sangre fría, a punta de machetes, garrotes y armas de fuego, mataron a 8000 personas diarias (33 por hora). Dos películas entregan un buenísimo y verídico testimonio de esa terrible tragedia que ocurrió a vista y paciencia de un mundo que no hizo nada.

Pocos fueron los que sobrevivieron para poder contar esa espantosa masacre. Una de esas ellas fue Immaculè Ilibagiza, que hace algunos años visitó nuestro país para contarnos su historia. En su autobiografía "Vivir para contarlo", relata su feliz existencia en medio del cariño de su familia y sus estudios, vida que cambió de golpe el 9 de abril de 1994, cuando su mundo se rompió. Oculta en un baño de 91 por 122cm, sobrevivió pensando que cada día sería el último. Ella, una mujer de 1,80 metros, salió de su encierro de 91 días pesando tan solo 30 kilos.

Immaculée no solo perdió a sus padres y a sus dos hermanos, sino también a sus amigos, sus compañeros de universidad, su casa, sus recuerdos de infancia, sus sueños y su futuro. Hoy está casada, tiene dos hijos y ha podido recuperar parte de su vida. Al menos, los deseos de vivir y la capacidad de darle un sentido a su existencia. Lo hizo tras un largo y penoso proceso de sanación que le permite decir que ha perdonado a los hombres que quisieron matarla y que aniquilaron a su familia. 

Su mensaje es contundente: "No importa lo que nos pase, no debemos convertirnos en lo que los otros nos están haciendo. Podemos luchar por la verdad, la paz, el amor y porque otras personas cambien su forma de ser y accedan al amor. Si yo pude perdonar, cualquiera puede hacerlo". 


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