El inviolable derecho a la privacidad

Fecha Publicación: 18/9/2015

Como una parte más trascendente de lo que a primera vista aparece, integrando el listado de situaciones que se contemplan como propias de los Derechos Humanos, está aquella de la privacidad de cada quien, según los términos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se establece que el derecho a la privacidad quiere decir concretamente que: "Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su correspondencia, ni de ataques a su honra o su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques".

Las controversias surgen cuando, conjuntamente con los derechos ya señalados, se hacen presentes otros que parecen ir en sentido contrario, el que tienen otras personas para hacer públicos hechos propios de diversas maneras, especialmente mediante los medios de comunicación como la televisión, radio y prensa. 

En agosto de 2013, la Corte Suprema de Chile debió resolver un caso criminal por el delito de violación a la privacidad. El caso versaba sobre una psiquiatra que había sido grabada secretamente por un programa televisión otorgando licencias médicas de manera irregular. En su resolución, la Corte Suprema abandonó su criterio tradicional referido a la primacía del derecho a la privacidad y señaló que cuando hay un interés público comprometido, este cede en beneficio del derecho que tienen los ciudadanos a conocer la información.

Actualmente, la privacidad así definida, se encuentra amenazada por el desarrollo de la sociedad de la Información y la expansión de las telecomunicaciones; requiere entonces protección de distintas formas en las legislaciones de diversos países, como reacción protectora a sus característicos perfiles de funcionamiento en sociedad, muy acotadas en culturas donde la extraversión y la impaciencia comunicacional es la modalidad usual, hasta líneas muy generales, para sociedades, por naturaleza, discretas y prudentes.

El secreto de correspondencia, es un principio se ha estado implementando en los marcos jurídicos de diversos países, adecuados a sus marcos culturales, como es de suponer, el avance y la ubicuidad de la tecnología expansiva de Internet, más el entramado de impredecibles y permeables redes sociales, amenaza severamente ese derecho. 

El caso de exposición de correspondencia privada en altos personeros de la Iglesia, ha puesto en evidencia lo que ha sido un secreto a voces, que mientras se emiten mensajes oficiales, se entrecruzan toda suerte de mensajes, mucho inaptos para cualquier oído. Una función antigua como el hombre y que pertenece las reglas del juego en muchos entornos, como la política, que si se supiera de ella en toda profundidad se podría observar la frecuencia de su actuar hipócrita, ya que el intercambio de información confidencial, en términos sin filtro, es común al momento de tomar decisiones en todas las organizaciones.

Lo anómalo en el caso de los correos de los dignatarios eclesiásticos es que no se ha respetado el fair play, que se enfatiza granos de polvo en el ojo ajeno, sin darse por enterados de las vigas en los propios, los pactos de damas y caballeros, pasados por encima para conseguir ventajas circunstanciales, maniobra mediocre e inelegante, que no está realmente dirigida a modificar modos de actuar repudiables, acudir a las formas, para impedir los cambios de fondo, el actuar transparente y sincero, en reemplazo de personas capacitadas para desencriptar mensajes bajo el alquitrán.


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