Sobre la libertad y la independencia

Fecha Publicación: 18/9/2016

La libertad y la independencia no son entidades estáticas, de aquellas que se consiguen y permanecen sin otro esfuerzo, ambas pueden desaparecer inadvertidamente si los actores que las han hecho posibles desaparecen y si sus sucesores se restan al permanente esfuerzo de defenderlas e incrementarlas. 

 

Hoy se conmemora el Día de la Patria, un día que la misma Patria no pudo saber si estaba naciendo, los ciudadanos no estaban de acuerdo sobre qué era exactamente lo que estaba por acontecer, para algunos se trataba de una expresión de lealtad a un rey español cautivo, de una regencia para cuidar el reino, para otros era un decisión patriótica de asumir la independencia de la corona, una situación que estuvo mucho más clara en esta ciudad que en la capital.

Un cronista realista anota sobre la atmósfera en la cual se escenificó la Primera Junta de Gobierno "una ceremonia con una ostentación y aspecto majestuoso y aterrante para inducir en el pueblo y leales vasallos el terror y el espantoso carácter del nuevo sistema".

Los últimos años coloniales habían visto crecer los conflictos entre la corona española y los cada vez más conscientes súbditos americanos, la burguesía criolla con un robusto sentido de identidad, estaba preparada y organizada, con naturales y justas aspiraciones para lograr mayor poder político y económico, en abierta contradicción con las reformas borbónicas de la época, que se dirigían precisamente en sentido contrario.

Como ha ocurrido con las naciones nacientes de América, hay fuertes elementos externos que influyen decisivamente en el desencadenamiento de las dinámicas sociales; por una parte, los contactos con agentes napoleónicos y la influencia de la revolución francesa, las experiencias de rápida expansión de los norteamericanos después de su independencia, que se potencian con los cambios políticos en España, a consecuencias de la captura de Fernando VII y la ocupación de la península por Napoleón.

Las noticias de esa junta provocan en la ciudad de Concepción un enorme entusiasmo que se extendió "a todas las clases del pueblo", otro cronista describe "los jóvenes imbuidos de estas ideas, recorrieron las calles llenos de gozo, abrazándose y felicitándose mutuamente y prorrumpiendo a cada instante en frenéticos vivas a la libertad".

Faltaba por saber el precio de esa libertad, los miles de vidas y los largos años de sufrimiento que fueron consumiendo tanto recursos como hombres, mientras los próceres, los grandes generales sufrían de las ingratitudes o las complejidades de las nuevas naciones, se ponen de manifiesto las ambiciones y las dificultades endémicas para actuar en conjunto, los caciques y los ambiciosos de siempre, con los héroes de entonces muriendo en el exilo, no fue una exclusividad nacional el tristemente famoso pago de Chile.

La libertad y la independencia no son entidades estáticas, de aquellas que se consiguen y permanecen sin otro esfuerzo, ambas pueden desaparecer inadvertidamente si los actores que las han hecho posible desaparecen y si sus sucesores se restan al permanente esfuerzo de defenderlas e incrementarlas. 

Ni la libertad ni la independencia son bienes conquistables y eternos, concedidos de una vez y para el fin de los tiempos, son conquistas cotidianas por cada ciudadano que trabaja honradamente, por cada madre que cuida a sus hijos, por cada trabajador que emplee sus competencias del mejor modo, el que participa comprometidamente en sostener y robustecer la democracia, cada espacio perdido, cada esfuerzo escamoteado, resulta en pérdidas de independencia y de libertad. Es una promesa que debería renovarse en el cumpleaños de la Patria.


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