El inefable señor Moya

Fecha Publicación: 15/9/2016

Hay un personaje cuyo bajo perfil es injustificable, sus méritos, sus particulares y honrosas características lo deberían mantener casi día por medio en los titulares de todos los medios y, sin embargo, permanece en austero silencio, pasándola de todos colores sin decir ‘esta boca es mía’, siempre dispuesto a responder por todo lo que haga falta, sin vacilación ni falso orgullo, espartano y estoico, manteniendo, sin claudicar, un impenetrable anonimato.

Se trata del inefable Sr. Moya, tan alejado del mundanal ruido que nadie se preocupa por no conocer su nombre de pila, aquel con el cual le bautizaron, porque de él no tenemos noticias, aunque seguramente ha de ser de regiones, muy probablemente de baja estatura y más bien delgado, vestido de colores apagados y la más de las veces mudo y arrinconado, pasa de esa manera absolutamente inadvertido, aunque es en extremo movedizo, de otra manera no se explica que esté en varios sitios a la vez.

De alguna fuente misteriosa de financiamiento obtiene los recursos para responder por todos los desaciertos de la clase dirigente y también de lo que los demás, de puro deshonestos, dejan de pagar, o de lo que otros, igual de deshonestos que los anteriores, se encargan de robar. Moya, así, ni siquiera con el Sr., se encarga de pagar, lo que haga falta, sin vacilación ni protesta, sin cargos de conciencia para ninguno que haya obligado a este omnipresente personaje que se haga responsable de las faltas, para no mencionar escamoteos y desviaciones de fondos, para ser políticamente correctos y no ir por el mundo aludiendo a ladrones. Paga Moya.

Inquietante situación, sobre todo porque hay fuertes rumores que Moya somos todos nosotros.

PROCOPIO
 


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