Los cambios en el color de los cristales

Fecha Publicación: 13/9/2016

Es cosa de mirar cómo la mayoría de las personas interpreta el acontecer cotidiano para darse cuenta que abundan los agoreros, que ven con progresiva e indeclinable preocupación el devenir de los días, escapando de catástrofes inminentes cada 24 horas. A pesar de fuerte y convincente evidencia de la importancia de tener una actitud positiva, un íntimo convencimiento que tenemos recursos afectivos, emocionales, intelectuales, lo que haga falta, para torcer los malos pronósticos, para encontrar una solución, para pasar por los temporales con el mínimo del velamen destruido.

Es mucho más simple superar una situación comprometida si se piensa que se es capaz de superarla, que cuando se decide, desde el inicio, que no hay nada que se pueda hacer para mejorarla. O en su defecto, para aceptar lo que suceda, rendirse sin lucha.

Se da por entendido que no siempre se podrá mantener una actitud segura o positiva. Hay ocasiones en que todos nos sentimos vulnerables, donde nos rendimos por cansancio o nos vemos abrumados y superados por la situación. Somos humanos y hay ocasiones en las cuales las cosas que suceden superan nuestra voluntad o nuestra capacidad para adaptarnos.

Hay circunstancias en las que la gente necesita dejarse caer y pasar por su momento de duelo, pero son instancias, no actitudes permanentes, de las cuales hay que salir lo antes posible, solo o con ayuda. Cambiar el color del cristal con el cual miramos.

Por supuesto que no es fácil, se requiere voluntad y un cierto orgullo y fe en uno mismo, pero es mucho más difícil pasar la vida entera como si fuéramos el pararrayos de la desgracia.



PROCOPIO
 


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