Vampiros que siguen vigentes

Fecha Publicación: 12/9/2016

Hay algo atrayente para las juventudes en esto de ser pálido, ojeroso y vampiresco, puede que tenga algo que ver con la leyenda de Drácula, ampliamente popular, hasta hacer del personaje un ente socialmente aceptable e incluso con cierta dosis de glamour decadente y aristocrático.

El original no era tan gentil y menos el ser humano que sirvió de inspiración al autor del libro, Bram Stoker. Drácula, el verdadero, no dormía en un ataúd durante el día para despertar lívido y macilento, con las uñas largas y muerto de sed todas las noches para salir en busca de doncellas en camisa de dormir con escotes que facilitaban el rápido acceso a la vena yugular.

El auténtico Drácula, verdadero nombre, Vlad Dracula, el futuro príncipe de Valaquia, hoy el sur de Rumania, nació en un frío día de noviembre de 1431, vivió en un castillo en Transilvania, lo suficientemente tétrico para sus técnicas disuasivas y prácticas de extermino, razón por la cual fue conocido como Vlad el Empalador. En el punto culminante de su carrera, a principios del decenio de 1460, mató a más de 24.0000 turcos en combate, decorando todo el perímetro de su castillo con miles de ellos empalados en estacas puntudas, acto de tal convocatoria que fue registrado en grabados de la época.

No era el personaje romántico, decadente y enfermizamente seductor de las novelas o las infinitas versiones televisivas o cinematográficas, pero a diferencia de estos fue absolutamente real, murió en batalla, después de haberse convertido al catolicismo. 

Descartados los vampiros, quedan en la memoria colectiva la sed de estos seres de largos colmillos, que parecen haber inspirado la acción sobre desprevenidos contribuyentes de algunos agentes del Estado.

 

PROCOPIO
 


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF