La obligación de hacerse parte de la limpieza de la ciudad

Fecha Publicación: 11/9/2016

Se ha repetido muchas veces, y se tendrá que seguir insistiendo ,que una ciudad limpia no es la que más se barre sino la que menos se ensucia. Un concepto que tiene que repetirse, no importa cuán machaconamente, como un mantra perenne.

 

El concepto de higiene ha tenido grandes variaciones en definición y énfasis en las diferentes culturas y épocas. Casi inexistente para los europeos en el siglo de los grandes hallazgos, que descubren que la limpieza es privilegiada en el nuevo mundo, con pueblos en extremo aseados, en comparación con los basurales en sus comunidades de origen. Esa realidad perdura hasta principios del siglo XX, con la evidencia de asociar aseo y salud, más allá de la estética.

En las grandes urbes este aspecto es de extraordinaria importancia y de enorme complejidad. La gestión de desechos en ingentes cantidades, día a día, es un desafío considerable para las administraciones edilicias y autoridades sanitarias. Tarea que no ha asumido con igual seriedad la ciudadanía, a pesar de costosas campañas de educación y promoción, para hacerse cargo de una labor imposible si es abandonada por alguna de las partes involucradas.

No se termina de entender que en la limpieza de las urbes, el compromiso de los ciudadanos protege al medio de la contaminación y de esa manera defienden su propia salud, la de sus familiares y la de la comunidad toda.

No basta con esperar el paso de los camiones aseadores, hay que contribuir para que las cargas disminuyan, comprometerse seriamente con el reciclado haciendo uso cabal de los puntos limpios, evitando dejar basura en cualquier parte. Basta con visualizar el aspecto de un parque al terminar algún acto masivo para comprender lo que hace falta cambiar.

Iniciando una nueva campaña, con el denominador "junt@s, concepción más limpio", las autoridades edilicias solicitan comprometerse con tres acciones; sacar la basura domiciliaria en el día y hora que corresponda, no arrojar basura en la vía pública y usar los puntos limpios. Bien mirado son solicitudes en extremo modestas, nada más que poner en uso un poco de buena crianza.

El fin de semana recién pasado se puso a disposición de la ciudad un nuevo equipamiento con ese fin, con un costo de más de $220 millones en camiones, una cargadora, limpia veredas y aspiradoras de última tecnología. 

No es posible desalentarse por los exiguos resultados de iniciativas anteriores. Al final debe imponerse la voluntad más fuerte, la acción más duradera y perseverante, el combate a la basura y la suciedad, sin bajar los brazos, vencer á a los descuidados y a los vándalos, a los rayadores de muros y a los apóstoles del feísmo urbano. 

Se ha repetido muchas veces, y deberá insistirse, que una ciudad limpia no es la que más se barre sino la que menos se ensucia, concepto que tiene que repetirse, no importa cuán machaconamente, como un mantra perenne, reiterado además la educación sobre el tema en todos los niveles y sustentado en los hogares, profundizándolo en la mente de todos hasta hacerla una constante social.

La ciudad de Concepción es una ciudad bella, le falta ser una ciudad limpia, la primavera está por llegar y con ella visitantes y turistas, pero aún si no vinieran vale la pena tener una mejor ciudad para los que en ella vivimos. No es posible esperar que su aspecto mejore si cada uno de nosotros deja de hacer lo que corresponde, ser buenos ciudadanos de la ciudad, vivir con urbanidad la urbe de todos.


 


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