Consideraciones sobre la Ley Emilia y la Tolerancia Cero

Fecha Publicación: 11/9/2016

La llegada de septiembre tiene connotaciones optimistas para los chilenos, es la llegada de la primavera, además se festeja un nuevo aniversario de la Patria. Para muchos ciudadanos de otras latitudes es motivo de asombro la intensidad y duración de estas últimas celebraciones, una suerte de euforia transversal que cambia el clima social del país entero.

Sin embargo, simultáneamente, los organismos que corresponde levantan señales de advertencia, con justa razón, las cifras negativas asociadas al consumo irresponsable de alcohol, especialmente de conductores, lo que ha obligado a progresivos endurecimientos de la ley del tránsito. 

La promulgación de la Ley 20.770, el año 2014, conocida como la ley Emilia, que complementa la Ley Tolerancia Cero, en vigencia desde el año 2012, tiene como propósito endurecer los límites y sanciones para los conductores que son sorprendidos bajo la influencia del alcohol o en estado de ebriedad. Sin embargo, a casi cuatro años de la entrada en vigencia de la primera, la de cero tolerancia, la cantidad de muertos en accidentes por esta causa aumentaron en 22% el año pasado. La cifra de conductores en estado de ebriedad que provocaron fallecidos en accidentes llegó a 123 en 2015, el mayor número desde los 124 que hubo el año 2010.

Según la experiencia internacional, cuando hay normativas como la Ley Tolerancia Cero o la Ley Emilia, en los primeros tiempos de aplicación tienen resultados más fuertes en todos los aspectos, porque se toma conciencia, la noticia es nueva y la fiscalización suele aumentar.

No hay otra explicación que la falta de conciencia de los conductores y no pocas veces de los peatones, especialmente en largos fines de semana o festividades como las que se aproximan, se podría aducir también de una disminución de la frecuencia de controles, pero básicamente hay directamente responsables: cada uno de nosotros.

Mientras la actual Ley del Tránsito en caso de conducción en estado de ebriedad, con resultado de lesiones graves y la muerte de personas, establece como penas la inhabilidad de por vida en cuanto a la licencia de conducir, multa de 8 a 20 UTM y presidio menor en su grado máximo que va desde los tres años y un día a los cinco años, la Ley Emilia parte con sanciones que van desde los tres años y un día a los 10 años de presidio.

Las consecuencias no parecen ser suficientemente amenazadoras, a la luz de los resultados, lo cual indica que hay variables actuantes que no han sido adecuadamente consideradas, entre ellas el perfil del conductor. En la ley de EE.UU, la conducción temeraria es una importante violación considerada un delito más grave que la conducción descuidada y es a menudo castigada con multas, prisión, o la suspensión o revocación de la licencia. 

La conducción imprudente a menudo se define como un estado mental en el que el conductor muestra una indiferencia insensible, o explícito desprecio, a las normativas, la investigación psicológica demuestra que este tipo de conductores muestra altas puntuaciones en los rasgos de personalidad de toma de riesgos. Todos somos testigos de estos comportamientos, de conductores que agreden a los demás utilizando sus vehículos como arma intimidatoria, con adelantamientos indebidos e imprudentes.

Nos falta cultura de respeto, de cuidado de la vida propia y ajena, mientras lleguemos a tenerla, no hay otra alternativa que imponerla. 


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