La inaceptable realidad de quienes viven en situación de calle

Fecha Publicación: 1/9/2016

El paisaje urbano tiene escenas de todos los tonos, además de cambiar profundamente con las cuatro estaciones, pero hay además una cambiante realidad debido al uso que hacen las personas de los espacios de la ciudad. Es propio de una urbe llena de actividad la presencia virtuosa de sus usuarios en las tareas propias de la vida diaria, como también el uso abusivo por parte de aquellos que utilizan los bienes comunes como si fueran propios, con el agravante de no sentirlos de su responsabilidad, por tanto, sin el lazo afectivo de esas personas con la ciudad, optan por descuidarla o dañarla, indiferentes a los resultados.

Hay, sin embargo, todavía otra clase de usuarios, los que frecuentemente elegimos no ver, aquellos que viven en la calle. Es común encontrar personas que viven ahí, tan común como pensar que son peligrosos, que más vale ignorarlos y que a juzgar por su aspecto, tienen limitaciones mentales de alguna naturaleza. Suficientes estereotipos como para optar por alejarse de allí y mostrar desagrado por una autoridad que permite la permanencia de estas situaciones inquietantes.

La Secretaria Regional Ministerial de Desarrollo Social ha venido haciendo un trabajo sostenido para conseguir un perfil diagnóstico de esta situación, que bien vale la pena conocer, aunque sea en las grandes cifras, para colaborar en la búsqueda de soluciones, en la Región del Bío Bío hay aproximadamente 900 personas que viven en las calles, en una muestra de ellas se observó que el 53,8% es de Concepción, el 16.9% de Chillán y el 29,2%, de Los Ángeles. El 80% eran hombres, con un promedio de edad de 41 años, 75,4% de ellos sabe leer y escribir y el 69,2% tiene algún nivel de educación, con predominio de los más básicos.

Entre las causas que los llevaron a estar en la calle, según el documento, están los problemas familiares, el consumo de alcohol y económicos, en ese orden, aunque en algunos casos coexisten varias de estas causas. Más del 75% trabaja irregularmente, o en tareas de muy baja remuneración. El 20% de los encuestados tuvo condenas de más de 3 años. En un dato lamentable, ya que se agrega a una realidad de extrema dureza, el 26,2% refiriere haber sido víctimas de delitos durante el último año, la mayoría de ellos fueron asaltados e incluso fueron agredidos.

Lo peor que podría suceder es que se apliquen medidas como si se tratara de un problema estético, lo que hace falta es involucrar a la comunidad para buscar ayuda a estas personas, que paradojalmente, rechazan salir de esa condición, a pesar de todo, para algunos de ellos, la calle es un área de seguridad. Los alberges hacen un trabajo encomiable, pero siempre están con recursos limitados. La solidaridad de los chilenos no tiene que esperar solo las grandes catástrofes para hacerse presente, hay que diseñar los mecanismos para canalizar, desde las familias, ayuda para esas pequeñas, individuales y postergadas tragedias personales y aceptar que son la parte herida de nuestra sociedad.

En esta situación, como en otras de parecida naturaleza, es indispensable socializar los problemas, hacerlos parte de la conversación ciudadana, las personas descritas eufónicamente como en Situación de calle, son parte de una realidad inaceptable, cada habitante de la ciudad tiene la oportunidad de hacer algo para cambiarla, no es una opción cerrar los ojos y seguir caminando.


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