La eventual mayoría silenciada

Fecha Publicación: 30/8/2016

Algo debe haber de inconveniente en los tiempos que corren cuando parece obsoleto o incluso retrógrado aludir a las buenas costumbres, de alguna manera parece reflejar una cierta ineptitud ser respetuoso y prudente, fuera del contexto de celeridad y olímpica indiferencia a las consecuencias inmediatas, se supone adivinadas y adecuadamente controladas por mentes preclaras inmunes al error.

Sin embargo, cuando profesores, directores, administradores y personas ligadas al mundo de la enseñanza se refieren a las razones por las cuales a sus alumnos les había ido mejor que a los otros, nadie deja de mencionar el respeto mutuo, el orden, la disciplina… es decir, con inaudita tranquilidad estaban aludiendo a valores propios del siglo pasado y, para muchos, felizmente superados, aquellos que establecían ciertas normas, o marcos de comportamiento a los cuales- inaudita condición- había que obedecer, dejando de lado años de lucha estudiantil para establecer políticas de autodisciplina y, con el beneplácito de las autoridades de muchos colegios, impedir que los profesores se permitan arbitrariedades, como hacer callar a los estudiantes durante las clases, interrumpiendo el libre flujo de las ideas, o someterlos a interrogatorios y certámenes con el ridículo argumento de revisar algunos contenidos de dudosa utilidad del plan de estudios. 

Curiosamente, el éxito al final parece estar asociado a que hay muchos estudiantes serios, que respetuosamente acogen las instrucciones de los profesores y que tienen con ellos relaciones a de afecto y respeto, mientras no se hagan visibles siguen siendo la minoría silenciosa, o podría ser, sin estudios conclusivos, la mayoría silenciada.


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