El mal hábito de andar con máscara

Fecha Publicación: 21/8/2016

En el teatro griego, por mucho que los avanzados arquitectos hicieran maravillas con la acústica de sus hemiciclos, a los actores les costaba hacerse entender, y debido a la poca estatura de un ser humano en el escenario, cuando se le mira desde varios metros de distancia, era muy difícil mostrar la expresiones faciales que correspondiera.

Para ayudar al respetable público, los actores usaban zancos para verse más altos, o grandes máscaras, para facilitar el reconocimiento de los roles que se interpretaban; hombre o mujer, joven o anciano y también las emociones más frecuentes, como la pena de la tragedia o la alegría de la comedia.

Es por eso que para algunos etimólogos, la palabra "persona" viene de la palabra griega para máscara, ya que ella la representaba en el escenario, no hace falta demasiada elaboración, desde ese punto, para entender de qué manera la máscara se transforma en una analogía perfecta para representar un papel.

Hasta cierto punto, estamos todos en algún escenario y puede ser que no todos tengamos lo que hace falta para estar allí sin esfuerzo y sea necesario ponernos una máscara para ser otra persona, la que para ese escenario haga falta.

Prácticamente, no hay humanos exentos de este ejercicio, por diversas razones. Aunque la intención sea inofensiva, en algún punto se usa máscara como mecanismo de defensa, por instinto de conservación o solo para proteger la autoestima.

La trampa está en acostumbrarse, puede ser una eficiente herramienta para políticos, sin percibir que a la larga la gente se da cuenta y se pierden la credibilidad, a tal punto, que hasta cuando dicen la verdad nadie les cree.

PROCOPIO


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